Problemas visuales y bajo rendimiento escolar en el niño

El 80% de la percepción del mundo que nos rodea tiene lugar a través del sentido de la vista, de igual manera que un 80% del aprendizaje se realiza a través de los ojos. El desarrollo integral del niño depende en gran parte de la correcta evolución de su visión. Si el cuidado de los ojos es crucial a lo largo de la vida, en la infancia cobra aún más importancia.

Debemos tener en cuenta que, al nacer, nuestro sistema visual no está aún desarrollado. No nacemos “viendo” sino con la capacidad de “aprender a ver”. La maduración de la visión requiere de un largo aprendizaje que se inicia en el nacimiento y culmina a los 8-9 años aproximadamente. Durante este período crítico, cualquier defecto que provoque una mala visión en uno o ambos ojos puede desembocar en un problema de ambliopía u “ojo vago”. Lo que no aprendemos a ver en la infancia, no se va a recuperar posteriormente en la edad adulta, por lo que es primordial el diagnóstico precoz.

Se estima que uno de cada 4 escolares sufre algún trastorno de la visión. La mayoría de los padres desconoce que un 30% de los casos de fracaso escolar se deben a problemas visuales. Seguir el ritmo diario de las clases supone una demanda visual constante: atender las explicaciones de la pizarra, leer con rapidez y comprensión, estudiar… Esto implica que si el niño no ve bien su rendimiento escolar se resiente. De las enfermedades oculares que pueden afectar a los niños, destacan los defectos de refracción, ya sea miopía, hipermetropía o astigmatismo, las anomalías estructurales del ojo, como la catarata congénita, y el estrabismo, es decir la falta de paralelismo de los ojos. Todas ellas constituyen causas que pueden generar, en mayor o menor grado, un retraso en la maduración visual y por tanto ambliopía, es decir “ojo vago”. Otra patología ocular a tener en cuenta, por su impacto en la etapa escolar y aprendizaje de los colores, es el daltonismo. Se trata de un problema genético que dificulta la percepción de los colores, especialmente el rojo y el verde, aunque puede afectar a otros tonos. En los casos más graves se pierde la capacidad de ver cualquier color, lo que se conoce como acromatopsia. El origen de esta alteración cromática se encuentra en los conos, unas células de la retina que se encargan de captar el color. Es más frecuente en el sexo masculino, y hasta la fecha no existe tratamiento para corregirlo.

Detección precoz

Los problemas visuales en el niño no siempre son evidentes. Tanto padres como pediatras y docentes deben prestar atención a una serie de signos y síntomas que pueden indicar que algo no va bien en la visión del niño.

  • Guiña los ojos o frunce el ceño para ver mejor.
  • Tuerce la cabeza para enfocar.
  • Desvía uno o ambos ojos.
  • Se acerca mucho al papel al leer o escribir, o a la pizarra para poder copiar lo escrito.
  • Presenta enrojecimiento e irritación ocular con el esfuerzo visual.
  • Se distrae continuamente al leer y muestra baja comprensión lectora.
  • Parpadea y se frota los ojos con frecuencia.
  • Se queja de dolores de cabeza al final del día.
  • Guiña o se tapa un ojo cuando lee o mira la pizarra.
  • Tropieza con facilidad, no calcula bien las distancias.
  • En el caso de los niños mayores de 3-4 años, podemos sospechar dificultad para aprender o distinguir colores observando cómo colorean los dibujos de objetos cotidianos. Si el niño se empeña en pintar los caballos verdes o el césped rojo, probablemente exista un problema, más allá de una imaginación desbordante…

En caso de sospecha de patología ocular se recomienda derivar al niño al oftalmólogo especialista, quien llevará a cabo el diagnóstico y tratamiento más adecuado en cada caso. La detección precoz es fundamental para obtener un buen pronóstico visual.

Consejos en el aula

El papel de padres y docentes es fundamental para asegurar el éxito del tratamiento (gafas, parche…) y para que, durante la aplicación del mismo, el niño no se sienta excluido del ritmo normal de sus compañeros:

  • Iluminar bien el aula, evitando los reflejos y las zonas de oscuridad.
  • Trazar la letra de la pizarra con claridad para que la lectura se haga cómoda.
  • No mostrar excesiva preocupación. Apreciar el esfuerzo del niño con déficit visual.
  • Explicar con palabras las tareas a realizar.
  • En niños con parche, fomentar tareas como escribir, dibujar o colorear, pues supone un estímulo visual de gran utilidad para la rehabilitación del “ojo vago”.
  • Asegurar que el niño cumple estrictamente el horario del parche y hace un uso adecuado de las gafas.
  • Tener en cuenta que, aunque el daltonismo no representa ninguna desventaja en cuanto a las habilidades cognitivas, es recomendable que los profesores conozcan la situación para que adapten las exigencias escolares a las capacidades del pequeño.
  • El niño daltónico suele desarrollar sus propios estrategias para compensar esa desventaja, sin que su día a día se vea afectado, como se ha comprobado con otros tipos de deficiencias sensoriales. Aunque no va a poder distinguir los colores, eso no significa que no tenga que saber de qué color son las cosas. Muchos aprenden a distinguir colores memorizando tonos de grises (a los que asignan nombres de colores) o asociándolos a objetos y formas específicas en los que suelen presentarse.
  • Un truco para que el niño pueda colorear y saber de qué color es cada objeto es colocar en cada lápiz un pequeño cartel indicando de qué color es.
  • Recientemente expertos en la materia han propuesto adaptar los libros de texto con una variación en el código de colores para que no impliquen dificultades para los daltónicos. También se están desarrollando programas informáticos que modifican los colores para que su percepción sea más sencilla para los afectados.
  • En caso de deficiencias visuales severas, el centro deberá contar con un profesor de apoyo especialista en educación de disfunciones visuales.

La concienciación tanto de padres como del sector educativo, junto con una higiene visual adecuada en el aula y revisiones oculares frecuentes, son fundamentales para asegurar una adecuada salud ocular y un correcto rendimiento académico de los más pequeños de la casa.

 

Sobre la autoría:

La Dra. Idoia Rodríguez Maiztegui es especialista en estrabismo y oftalmología pediátrica en el Centro de Oftalmología Barraquer.